"Ete e verde" dice Mími señalando uno de los bloques de la torre que construye el conejito del libro que le leo.
Verrde, atul, amaeo, gojo. Si la ayudo un poco se le suman: banco, nero y moraro. Mími ha comenzado a ponerle nombre a los colores que la rodean.
Hace un par de meses le compré un libro de los colores en la feria al lado de casa. Con imágenes reales y no dibujos, así los prefiero cuando el objetivo es más educativo que recreativo. Hace dos semanas comencé a decirle el nombre de los colores en voz alta y a pedirle que los señalara. Hace una semana le señalé yo un objeto y le pregunté qué color era, la respuesta: atul. Mi sonrisa no me cabía en la cara.
Desde que aprendió la diferencia entre grande y pequeño va señalándolo en todo lo que ve: Peyo chitito, quiño ande (porquinho, puerquito es portugués) y así con todo.
Es muy emocionante ver a una persona con tantas ganas de aprender, con los ojos iluminados cuando le confirmas que dijo algo correcto.
La lectura definitivamente es un tesoro, cada día amo más leerle libros, aunque confieso que a veces siento que mi garganta no da más, cuando me pide que le lea el Gruffalo por cuarta vez seguida, o el libro de turno que trajimos de la biblioteca después de que su padre se lo ha leído dos veces seguidas. Ya dice "teca" por cierto.
Por cierto que ahora mismo tengo un relevo, su querida amiga "Pipía" está en casa y la escucho cómo le lee el libro del panda que no puede dormir que trajimos de la biblioteca esta semana y que devolvemos un poco más desgastado, perdí la cuenta de las veces que lo hemos leído su padre y yo.
Lo maravilloso es que con cada libro, con cada lectura, aprende cosas nuevas, palabras nuevas, expresiones nuevas, colores, adjetivos. Es mágico.
También está aprendiendo los números, aunque siempre que cuenta ignora el uno. Cuando leemos y hay varios objetos o personas agrupados, comienza a contarlos.
Es una etapa muy emocionante esta. Recuerdo cuando estaba muy pequeña y yo tenía mucha melancolía de que creciera tan rápido, y muchas mamás me decían que lo que venía también era especial. Tenían razón, esta etapa es increíble.
Ya se siente mejor, ya no se queja, salió de la cama y no para de jugar. Lástima que esté tan frío y llueva afuera, tenemos que quedarnos encerradas en casa un día más.









